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"Mi camino" Galego

 

GALERÍA FOTOGRÁFICA DEL CAMINO  >>>  

 

 

"Mi Camino", lo empecé el martes 9 de noviembre de 2004 ( Año Santo Compostelano), al subir al avión en el aeropuerto de Buenos Aires, que salió a las 16,30 hora argentina, y llegó a Madrid, el miércoles 10 a las 7,30 hora española.


A las 9,25 subí al avión que me llevaría a Galicia, el que por salir muy atrasado, llegó a Santiago, pasadas las once. Un taxi me llevó a la terminal de autobuses de Santiago, y un autobús al Municipio de Vilamarín en Ourense, donde almorcé y dejé la maleta sin abrir. En un coche particular fui a la ciudad de Ourense, donde a las 18,30 tomé un autobús para Lugo, allí monté en otro, que finalmente me puso en Sarria, (punto inicial de "Mi Camino") a las 20,45. A pie con la mochila a la espalda, me dirigí al albergue de peregrinos, en el que no estando la hospitalera (encargada del albergue), esperé por ella hasta las 23,08. La espera fue muy agradable, ya que ahí empecé a sumergirme en el espíritu del Camino, a través de la larga y agradable conversación que mantuve con Francisco "Paco" Murareto (Jerez,Cádiz); Luis Martín Valverde (Granada), y dos paisanos de Salvaterra do Miño, parroquia de Fornelos; José Souto y José Antonio Rodríguez Merino. Los cuatro empezaron el Camino en O Cebreiro, llevaban andado 40 kms., con una diferencia, los gallegos hicieran el tramo en un día , con las mochilas, y los andaluces en dos, sin mochilas, (hay gente que por tres Euros por mochila, las lleva de un punto a otro), porque uno de ellos no puede cargar peso. Cuando por fin llegó la hospitalera Teresa (de bastante mal carácter>), nos asignó las únicas tres camas que quedaban, a Ángela Hernández Rodríguez de Alba, (Torniz-Salamanca); a Juan José del Teso Mateos, también de Salamanca, (ambos radicados en Mallorca); y a mi. Dormí en una litera superior sin escalera, (en la noche y en la oscuridad subí y bajé por los pies de la cama de abajo), y a la mañana temprano, me desperté con el bullicio que hombres y mujeres hacían aprontando su marcha diaria. Sin duda es algo novedoso para alguien que vive en Buenos Aires, despertarse entre hombres y mujeres de distintas edades, y que haya un solo recinto sanitario para todos. Repuesto de la sorpresa, tomé el grabador y me dispuse a recoger impresiones de los peregrinos. El primer entrevistado fue "Paco", el andaluz, quien me dijo que con dos días de andar, le dolían mucho las piernas, que empezara el Camino como una forma de hacer turismo, pero que ahora la cabeza le iba evolucionando cada vez más hacia otros pensamientos. Al hablar con su amigo Luis supimos que se conocieron en la Universidad en 1965, y que allí nació una amistad entrañable, que dicho en tono risueño, ni los respectivos casamientos pudieron deshacer. Después hablé con Carol, una joven catalana de 24 años, que comenzara el Camino en León, junto con dos amigos de Barcelona, Laura y Miguel, hacía dos semanas, Hizo el camino por motivos espirituales, culturales y deportivos, y dijo también que Galicia es muy bonita, pero que los albergues no están en tan buen estado como en León.


Cumplida una parte de la faceta que me llevó a hacer el Camino, la de recoger testimonios, tomé la mochila y fui el último en salir del albergue a las 8,55 hs.,(sería una constante lo de ser siempre el último en salir). Apenas salir me encontré con un francés que estaba por atar una perra para entrar en un bar, le pregunté desde cuando andaban, y me contestó que llevaban hechos mil seiscientos kilómetros, la perra de nombre Sasha llevaba su propia mochila negra con la concha de los peregrinos, en la que cargaba sus remedios y vitaminas. Pasé por la oficina de Protección Civil de Sarria y allí me entregaron el boletín que con los sellos correspondientes, acreditaría mi paso por el Camino y el mérito para recibir en Santiago la correspondiente Compostela.


Apena salir de Sarria, atravesé un puente medieval, y saliendo del mismo hice un bordón con una rama de roble. Después de andar una hora, llegué a Berbedelo, donde me sellaron por primera vez la credencial de "Mi Camino". A poco de dejar Berbedelo, empecé a encontrar gente, Sara, una francesa que venía de Lyon, de donde saliera hacía dos meses, y algunos compañeros de Sarria. Nos pasaron los primeros peregrinos en bicicleta, (a pie o a caballo, la distancia mínima a recorrer es de 100 kms., en bicicleta 200). Cayeron algunos chubascos que me hicieron poner y quitar la capa, y en una de esas posturas, ayudado por "Paco", salió a la puerta de una casa frente a nosotros, un paisano que resultó ser Don Dionisio Vázquez López, quien al ver mi bordón dijo: "Ese pau que leva élle moi malo" (ese palo que lleva es muy malo), ante mi respuesta de que era lo que encontrara, me dijo que aguardara un poco que me iba a dar un buen palo. Salió de la casa con un palo para llevar las vacas, que termina en una horquilla, que me fue muy útil para tomar frutas en "Mi Camino". Al preguntarle cuanto valía el palo, me dijo que era un regalo, y que al abrazar al Patrón, también lo hiciera por él, y la emoción llegó a su cumbre cuando con los ojos humedecidos me pidió que en la Catedral, rezara un Padrenuestro por su madre que estaba bastante enferma. Dejé a Don Dionisio después de darle un fuerte abrazo y prometerle que cumpliría con sus pedidos al entrar en la Catedral, (el palo está conmigo en La Argentina).


Cerca ya de Portomarín, encontré a un oriental alto y atlético, que resultó ser Ken, un japonés de treinta y cinco años, que empezara el Camino en Saint Jean Pied de Port-Francia.
Para llegar a Portomarín hay que bajar una gran pendiente, cruzar el puente sobre el río Miño y subir una gran cuesta. En la cima de la misma está la iglesia fortaleza de San Nicolás, uno de los más bellos templos románicos del Camino, que tiene la particularidad de haber sido desmontada piedra por piedra de su emplazamiento original, para que no fuera cubierta por la aguas del embalse de Belesar que hoy inundan la antigua villa de Portomarín. Al llegar al albergue, iba delante de mi, una mujer joven que ya no podía más con su mochila , la llevaba con una mano. Invadido por el espíritu del Camino, le tomé la mochila e hice 50 metros cargando dos. Me sentía bien, pese a los veintitrés kilómetros andados, y después de hacerme sellar la credencial seguí andando hasta Gonzar, completando treinta kilómetros recorridos en el primer día de "Mi Camino".


Aquí creo que es bueno hacer una reflexión: Yo llevara un aparatito de radio para ir escuchando por el Camino; lo encendí al salir de Portomarín, después de ver una higuera con unos higos fantásticos que pensaba pedirle a la dueña que andaba por allí, pero que no lo hice, porque tenía un perro atado que ladraba mucho. Apenas encender la radio escuché que muriera Arafat, al poco tiempo, después de escuchar algo de música y algunas noticias, apagué el aparato y no lo encendí más en todo el Camino. No era una compañía como suele ser cotidianamente en la gran ciudad, más bien, era algo que perturbaba la limpia riqueza espiritual de "Mi Camino".


En Gonzar que es un lugar en el que hay tres construcciones sobre el Camino (el albergue, un bar y otra casa), tampoco estaba la hospitalera, fuera a un funeral. A mi me dolían mucho las plantas de los pies y me quería acostar, fui hasta el bar y también estaba cerrado, pues el dueño, Pedro, que resultó ser el marido de la hospitalera Elisa, había ido al entierro. Yo llevara caldo en polvo, pero en el albergue, (al igual que en Sarria) no funcionaba la cocina, así que al no poder calentar agua, no me quedó más remedio que esperar la apertura del bar, en el que al fin comí un omelette de queso en pan, y preparé con agua caliente, un caldo de arvejas. Cuando fui para el albergue, el bar quedaba de lo más animado, pues había un grupo de cinco muchachos de Ibiza y otro, de unos gallegos de Catoira-A Coruña y un señor de Madrid, jugando al chinchón con un canadiense de 25 años, llamado Johnatán, estudiante de comercio internacional, al que le enseñaran el juego.


Plenamente recuperado, salí de Gonzar a las 8,20hs., a poco de andar hablé con John y Marie de Inglaterra, que iban con Gerald, un irlandés muy expresivo. Al mediodía me encontré con un matrimonio belga que llevaban andando veinte semanas, ella sólo hablaba francés, y no quiso que les quitara una fotografía, él que hablaba bastante castellano (hace quince años estuvo en La Argentina), me llamó y me dijo que les quitara todas las fotos que quisiera. 


Más adelante, en un sitio llamado Levoeiro, vi por primera vez un "cabaceiro" (hórreo circular), muy bien conservado y lleno de maíz. A las cuatro de la tarde y después de andar 32kms., llegué a Melide, done el único del grupo que llegara era Ken, el japonés. Elegí una litera abajo y cerca del servicio. Más tarde llegaron los belgas, y sólo quedaban disponibles dos literas superiores y bastante apartadas una de la otra, teniendo en cuenta que el hombre tenbía 69 años y su mujer 68, les ofrecí que ella durmiera en mi litera, que yo iría a una superior. Después de comer una lata de sardinas con un pan de Melide que sabía de maravilla, calenté agua en la cocina (al fin una que funcionaba), y mientras tomaba el caldo, los belgas llamaron a la hospitalera Concepción, quien con muchísima paciencia y amabilidad, les explicaba que la lavadora funcionaba bien, pero que ellos interrumpieran el programa antes del centrifugado. La señora belga que en el Camino no quisiera que les quitara una fotografía, ahora después de dejarle mi cama, se cansaba de hablarme en francés. Me dolían otra vez mucho los pies pero, dormí muy feliz. Por la mañana entrevisté a Kevin, un joven norteamericano de 27 años nacido en el estado de Georgia que tambien venía caminado desde Saint Jean Pied de Port, que al preguntarle porque hacía el Camino, me contestó, que el Camino le había dicho : "Ven, Ven".

 
Después de tomar el diario tazón de leche salí de Melide a las 9,15 hs., a poco de andar vi una pequeña higuera al borde del camino, pero dentro de una finca. Había algunos higos en el camino, estaban todos estropeados menos uno, lo comí y me supo fantástico, tanto, que no pude contener las ganas de comer otro, y arranqué uno de la higuera, sabía horrible, me dejó un feo sabor en la boca y la siguiente reflexión: El higo que me dio la providencia, sabía delicioso; la gula de ir por lo que no me pertenecía, tuvo el merecido castigo de arruinar el buen momento pasado. Medité mucho por este hecho que puede parecer pequeño, pero que encierra una gran enseñanza.

 
Por ser sábado, me encontré con un nuevo tipo de caminantes, los que hacen el Camino durante los fines de semana, andan un trecho y a la semana siguiente retoman desde donde dejaran la anterior. Con un grupo de ellos compartí unos kilómetros hasta Arzúa, era una familia de Curtis, compuesta por José, Roberto, Mercedes, Margarita, Andrés y Diego, con el que nos hartamos de hablar de nuestro "guieiro": Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, nos separamos en Arzúa, porque fui en busca del monumento a la "Queixeira" (quesera), para sacarle una fotografía, los volví a encontrar comiendo chorizos debajo de un robledal, les tuve que explicar que no comía carne, para que me dejaran marchar. Al pasar por un sitio que se llama Boente, vi una parra llena de uvas, había un chaval con una pelota cerca, le pregunté si era de la casa de las uvas, al decirme que si, y teniendo en cuenta que se trataba de unas uvas que la gente no come (nosotros le llamamos fresas; en otros lugares le llaman catalán; y en La Argentina, chinche), le dije al chico si me daba un racimo, y me dio dos. Allí mismo encontré la primera iglesia abierta, (Santiago de Boente), y el sacerdote que estaba en la misma, me dio una estampa del Patrón, que preside el altar en esa casa. Aún me faltaba vivir nuevas experiencias en este tercer día de "Mi Camino". Encontré a una joven madrilaña, Macarena; quien con su perra Queen, llevaban una semana andando desde El Bierzo, y con ellas estaba Xosé, un portugués de Nazaret, que aunque sea difícil de creer, me dijo que por una promesa lleva tres años haciendo todos los Caminos de Santiago; mientras hablaba con ellos, vi venir en dirección opuesta, a una mujer joven con la correspondiente mochila. Después de decirle en tono de broma, que iba al revés, descubrí que era francesa, que hiciera el Camino desde Francia a Compostela, y que ahora volvía a Francia haciendo el camino en sentido inverso. Al comentar el caso, me enteré, que no son muchos, pero que hay personas que hacen lo de la francesita. Después de otros 32 kms., llegué a Arca, sólo me faltaban 18 para terminar "Mi Camino"

    
En Arca el albergue es muy bueno y el único donde había servicio exclusivo para mujeres. Cándido, que no era el hospitalero sino un colaborador, tiene un carácter amábilísimo y junto con la hospitalera, mantienen el lugar limpio y ordenado. A Arca llegué descansado y sin dolores en los pies, por lo que anduve unos cientos de metros hasta un restaurante que me recomendó Cándido. Tomé dos platos de caldo y comí salmón con patatas hervidas, por primera vez en "Mi Camino" bebí vino. Al irme a acostar, vi que en la litera contigua a la mía, dormía dentro de una bolsa azul que sólo le dejaba ver la cara, una mujer rubia. Me acosté, y allá por las dos o tres de la mañana, sentí una voz bajita que decía:

  
Oye Ramón, Ramoooón.

   
Era la rubia. Yo entredormido pensé, no creo que el Apóstol me mande una compañía así; ¿será una tentación del demonio?; o será que me afectó el vino. La aclaración llegó por la mañana, la rubia era María Rosa Morales, fisioterapeuta de Madrid, que venía haciendo el camino con un amnigo cubano, Ángel Rivero, y con su hermano Ramón, que es a quien llamaba de noche, y no se despertó. Hablando con los tres, supe que Ángel, antes de comenzar el Camino tenía un pie en estado "penoso", que un clínico y un neurólogo, le dijeran en Madrid, que pensar en hacer el Camino era estar más loco que una cabra loca. Ángel no hizo caso de los consejos profesionales y se fue a las tierras de León con sus amigos. Al tercer día de marcha, María Rosa le aplicó una inyección, y cuando estuvieron conmigo llevaban andado 16 días. Ángel definió a la rubia como "Caperucita de los Caminos", por la ayuda que le diera, pero ella me dijo: "Con lo que yo hice, no alcanzaba, aquí hubo algo superior que mejoró a Ángel". Me despedí de ellos (después los encontré en Santiago), deseándole a Ángel que le siguiera bien su pie, la respuesta fue: "Descuida, el pie está cojonudo".


Los albergues le proporcionan al peregrino, cama con colchón y almohada, sanitarios y cocina, todo gratuitamente, y lavadora y secadora de ropa, que funcionan con una ficha que se compra.
Calenté en la cocina eléctrica digital, el agua para mi leche, la tomé e inicié la última y corta etapa. Por ser domingo la tranquilidad era absoluta, vi una cantidad de pájaros como no viera antes. A las once de la mañana estaba delante de la iglesia de San Pelayo de Sabugueyra, salió el sacristán y tocó las campanas llamando a misa, en ese momento pasaba un grupo de personas con muy poco equipaje, eran los que aún no había descubierto, los que andan sólo los domingos. Hablé bastante con ellos, y uno se ofreció para llevarme la mochila, se lo agradecí y amablemente le expliqué que yo me sentía mejor cargando la mochila, aclarándo que, si alguien no la puede cargar pero camina igual, es tan buen peregrino como cualquiera. Después de bajar una de las cuestas habituales, vi que el Camino pasaba por debajo de una autovía, lo que me mereció la siguiente reflexión: En esta tierra donde se pusieron tantos "cruceiros" (cruces de piedra), para llevar tranquilidad espiritual a los que tenían que pasar un cruce de caminos, quizás hubiera que señalizar éste, como cruce de dos caminos de la vida. Por arriba van: Los apurados con los coches, aunque no sepan porque; los que autoalimentan su estrés, los que no tienen calma ni tiempo para los demás, los que se alteran ante cualquier espera. Por abajo van: Los que tienen tiempo; los que meditan; los que a veces rezan por los demás; los que cultivan el compañerismo y la solidaridad; los que al terminar el Camino pueden transformarse en uno de los que pasan por arriba.

    
Al dejar el cruce antedicho, subí de frente a San Marcos, y de allí llegué pronto al Monte del Gozo, llamado así, por ser el primer lugar desde donde veían los peregrinos, las torres de la Catedral.
Para mi no fue el monte del gozo, para mi fue el monte de la angustia, de la nostalgia por lo qe iba a finalizar. Bajé de frente a Compostela sintiendo una rara sensación en el pecho, no me di cuenta con exactitud cuando ocurrió, pero el júbilo estaba dentro de mi cuando llegué a la oficina del peregrino y subí alborozado, cargando mi mochila hasta el primer piso del edificio donde recibiría, mi "Compostela" en latín otorgada a: Dnum Raimundum Suárez Alvárez. Pregunté cuantas "Compostelas" se llevaban entregadas este año y me dijeron que unas doscientas mil. Fui a la Catedral e hice la fila para ingresar por la Puerta Santa (sólo permanece abierta en los años santos), allí conocí a dos muchachas que hicieran el Camino inglés desde Ferrol, ("MiCamino", fue por el francés), curiosamente las dos se llaman Ana, una de Ferrol, la otra de Vigo; hicimos intercambio fotográfico y entramos juntos por la Puerta Santa. Llegamos en plena misa del peregrino, le di el abrazo al Patrón, vi el pendular vertiginoso del "botafumeiro" (inciensario gigante) y fui a la plaza del Obradoiro a sacar una foto de la fachada principal. Cuando me iba sentí...¡eh, gallego!; pensé, en Buenos Aires sería por mi, pero aquí por quien será, pues era por mi, los chcos de Ibiza, a quienes no veía desde dos días atrás, se abrazaron a mi y yo a ellos. Los llevé hasta la oficina del peregrino y nos separamos sólo fisicamente. Fui a almorzar a un lugar al que voy siempre en Santiago, tomé dos platos de caldo gallego, comí pulpo con patatas hervidas, bebí vino tinto y tomé café.

      
Al día siguiente volví a la misa del peregrino, encontré a Juan y Paloma, de Jaén, que anduvieron un mes desde Jaca-Huesca, y fueran mis vecinos de litera en el albergue de Gonzar. Les quité fotos a los que hacen peticiones poniendo la mano en la columna con los cinco dedos marcados del Pórtico de la Gloria; a los que dan los "croques" (golpes con la cabeza) en la frente de la estatua del maestro Mateo (autor del Pórtico); y me fui muy feliz

  
Reflexión final: En la oficina del peregrino hay que cubrir un formulario con los datos personales, y el motivo por el cual se hizo el Camino, algunos pocos ponen, por turismo, la mayoria se divide entre motivos religiosos y espirituales. Yo como tengo la manía de hacer siempre modificaciones, propongo que se pregunte que se siente al llegar. Y entonces voy a poner aquí lo que no pude escribir allá. "Mi Camino", fue todo espiritualidad, sentí desde el mismo inicio que; brotaban en mi los mejores sentimientos, que no reconocía: al automovilista prepotente que a diario conduce por Buenos Aires, al intolerante hincha de Racing de Avellaneda y del Celta de Vigo, al que pocas veces tiene tiempo para tomar un café con un amigo, al que nunca quiere ceder. Se me llenó el espíritu; con la alegría y alborozo de la juventud; con la persistente y observadora marcha del japonés Ken; con la calma y sapiencia del belga Jak, que cuando le pregunté como estaba me contestó: "de los pies mal, del cuerpo regular, pero lo importante, la cabeza muy bien"; con la fidelidad y amistad a sus dueños, de las perras Sasha y Queen; con el conocimiento que el irlandés Gerald tiene de nuestro gaitero Carlos Nuñez; con la alegría de los andaluces; con lo que hablé de nuestra historia y cultura con los jóvenes gallegos; con el Burgalés hijo de un gallego que no estaba muy de acuerdo en que usemos un idioma distinto del castellano, y que entendió y aceptó mi larga disertación sobre el tema; con el compañerismo de todos; con el cariño y respeto que todos mostraron por Galicia y su gente; CON EL RECUERDO DE MI PADRE QUE NO PUDO VOLVER A LA TIERRA.

Ramón Suárez "O Muxo"

                 

 

 

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